martes, 28 de junio de 2016

Del 20D al 26J.

El pasado 26J tuvimos unas nuevas elecciones en España. Las segundas en seis meses para elegir Presidente del Gobierno. Primera vez que ha ocurrido esto en nuestra joven democracia.

Los resultados del 20D arrojaron un problema de gobernabilidad para el país por la heterogeneidad del Parlamento. Los resultados del 26J han ido en una línea similar, pero apoyando más al mismo partido vencedor de las anteriores, el PP. Hasta aquí los hechos objetivos.
El 20D, el PP, ganó las elecciones, con una pérdida de votos que le hizo no revalidar la mayoría absoluta conseguida en las anteriores elecciones. Una mayoría absoluta como no se había tenido en la democracia española.
La legislatura de 2011-2015 se recordará como una de las legislaturas más duras. Tanto en términos de las decisiones que se tuvieron que tomar para evitar una quiebra del país, como de la respuesta popular a través de Podemos. 
Se adoptaron una serie de medidas muy impopulares, pero que tras 2 años empezaron a dar sus frutos y conseguir que España saliera de la profunda crisis en la que se encontraba, sin que el Estado de Bienestar se viera afectado en sus pilares básicos. Los datos son tozudos y aunque el imaginario popular diga lo contrario, en España se sigue teniendo un gran Estado del Bienestar y se está saliendo de la crisis.
Al mismo tiempo, se han conocido una serie de casos corrupción, que han afectado a personas del PP, que han tenido una repercusión en la sociedad y en el votante del partido. 
Ambas situaciones han provocado un gran desgaste del partido y de su líder Mariano Rajoy, teniendo una contestación de cierto nivel. Contestación exterior alentada por sus rivales políticos, como es lógico. Y contestación interna del partido, viendo una oportunidad de conseguir llegar al poder interno. Aunque internamente es necesario un nuevo impulso, sobre todo en el campo ideológico, me temo que es más por la cuota de poder que otra cosa.
A mi entender estas situaciones han sido las que hicieron que el PP perdiera ese apoyo tan mayoritario, junto con la entrada en acción de un partido (Ciudadanos), que se presentaba como el adalid de la solución de esos problemas y aportando una imagen fresca y atractiva. El caso de Podemos es aparte. No creo que mucho votante del PP se haya ido a sus filas, la verdad. 
Tras los meses de intento de formar Gobierno, más los meses de actividad política en las autonomías y ayuntamientos, Ciudadanos, Podemos y el PSOE, se han desnudado frente a la opinión pública. El único partido que ha seguido igual, ha sido el PP. Ofreciendo un pacto de gran coalición y defendiendo una línea política de generación de empleo y recuperación. 
La recuperación del voto el 26J no se debe al voto del miedo, que no digo que no haya gente que haya votado así. Se debe a que el PP ha seguido siendo un partido estable, coherente y fiable. No ha hecho un viaje ideológico cómo Podemos. No se ha puesto de perfil y ha querido salir bien en todas las fotos, como Ciudadanos. Y mucho menos, ha antepuesto el proyecto personal al interés colectivo, como ha hecho Pedro Sánchez y el PSOE.
El PP ha conseguido recuperar una parte de ese apoyo perdido. Una parte importante y se ha conseguido movilizar el voto en zonas muy complicadas como Andalucía o Valencia (centro de las informaciones de corrupción). Queda mucho por recuperar, cierto, pero considerando el hartazgo de la sociedad por los hechos pasados, creo que es un movimiento muy positivo.
Ahora queda que los partidos que han perdido apoyos, PSOE y Ciudadanos, dejen sus intereses particulares a un lado y permitan gobernar al PP. Aunque sea una legislatura corta centrada en reformas que aseguren la recuperación económica y mejoren las Instituciones.