
Nuestra querida Constitución de 1978, en su artículo 6, dice respecto a los Partidos Políticos: "Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos".
Por tanto, cualquier persona, con un mínimo de entendimiento, debería deducir que los partidos deberían regirse por lo que "su" pueblo diga, es decir, por lo que sus militantes digan.
Por otro lado, los Estatutos aprobados en el 16 Congreso del PP, celebrado en Valencia, dicen que el Comité Electoral Nacional es el responsable de nombrar los candidatos para las elecciones legislativas y autonómicas, entre otras.
Es evidente que ambas posturas son opuestas o cuando menos, divergentes en su aplicación.
Estos días, el PP está viviendo un pequeño terremoto con la decisión de no nombrar al Sr. Álvarez Cascos como candidato para las autonómicas en Asturias, y su posterior baja, cuando parece ser que la mayoría de las bases lo apoyan. Es evidente que ambas partes no están actuando de una forma correcta. El Sr. Álvarez Cascos, porque está haciendo un daño irreparable al partido, que el PSOE sabrá aprovechar a su tiempo. Y la dirección nacional, por no escuchar las peticiones de sus bases (aunque si lo hiciera, el Sr. Gallardón debería no repetir como Alcalde en Madrid).
Ojalá, casos tan sonados como este último, que se une a otros ilustres personajes, hagan ver que es bueno generar una mayor democracia interna en el funcionamiento diario del partido, dando una imagen de mayor transparencia, fortaleza y unidad que el electorado sabría apreciar en forma de apoyo electoral en las urnas, con toda seguridad.